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Actualizado: 15 jun 2020

¡Hola!

Quiero compartirte mi experiencia con la intención de que te informes o te motives a llevarla a cabo tu también!

En mi caso, completé exitosamente las dos etapas de la dieta: 1) la de eliminación (o mejor dicho, sustitución de alimentos inflamatorios por versiones más naturales y menos agresivas) y 2) la de reintegración de los alimentos.

Es impactante el apego (por no decir dependencia) que tenemos a la comida, a las bebidas, a las salidas. Antes de empezar me sentía muy ansiosa de empezar el proceso porque estaba convencida de que tenía una cierta adicción al café, al alcohol, a las papitas, a la carne. Hoy me doy cuenta de que más que una adicción, tenía asociaciones psicológicas no necesariamente conscientes, a ciertos momentos, a ciertos lugares, a ciertas personas. Al principio lo más difícil fue identificarlas, ponerles nombre. Una vez que lo hice y las acepté, me fue mucho más sencillo modificarlas.

Te doy un poco de contexto.

Empecé este proceso sufriendo de insomnio, cansada, crónicamente inflamada, malhumorada, baja y con casi tres kilos invierno/post fechas decembrinas de más. Llevo casi ocho años viviendo en Canadá y todavía me cuesta trabajo adaptarme al invierno de acá. Aún cuando ya hace algún tiempo que adopté un estilo de vida orientado a la salud, estos últimos meses (probablemente debido a tantos malestares) no lograba retomar rutina con el ejercicio, ni con la meditación que tanto ayuda a mi concentración, mi buen humor y mi estrés. Además, me estaba enfermando muy seguido y gracias a unos exámenes de laboratorio que me hicieron, me di cuenta que aunque me alimento muy bien, mi cuerpo no estaba absorbiendo los nutrientes adecuadamente.

Ya tenía algunos meses contemplando la opción de hacer este tipo de "reset" así que aproveché todo esto, me armé de valor, de convicción y le aposté mi tiempo, mi dinero, mi dedicación (y en sí, todo mi ser) a estos 21 días de sanación.

Hay pasos en la vida creo, que simplemente no se pueden saltar. Yo me sentía desconectada de mi misma, atorada y hasta cierto punto frustrada porque honestamente, me he esforzado mucho por llevar un estilo de vida saludable y no se me hacía justo seguir con tantos síntomas de malestar.


Deepak Chopra dice que vivimos creyendo que somos nosotros los que debemos ocuparnos de cuidar nuestro cuerpo, cuando en realidad, nuestro cuerpo está diseñado para reestructurar su balance por sí sólo y mantenernos con vida indefinidamente. Dicho en otras palabras, el cuerpo sanará, siempre y cuando, le procuremos el espacio y las condiciones propicias para lograrlo: alimentación nutritiva, hidratación, sueño reparador, conexión con la naturaleza y con nosotros mismos, mucho amor, relaciones interpersonales sanas y ejercicio.


Durante 21 días sustituí ciertos alimentos inflamatorios (gluten, lácteos, soya, trigo, chocolate, alcohol, café, leguminosas, azúcar y procesados) por alimentos naturales (sin procesar) y suplementos (Potasio, Magnesio, Complejo B, vitamina D y K, Omega 3 y Vitamina C, Coenzima Q10, Fatiga suprarrenal, GABA, L-Glutamina, probióticos).

Un mes exactamente en el que tuve que obligarme a ser disciplinada y a salir de mi zona de confort. ¿El resultado? Extraordinario.

Recuperé energía, vitalidad, buen humor, enfoque. Perdí malestar (sobre todo con respecto a la inflamación intestinal crónica que traía e insomnio); y como una cosa llevó a la otra, empecé a levantarme a hacer yoga, retomé el ejercicio y hasta me inscribí a un reto para meditar.

Pero sobre todas las cosas, con esta experiencia aprendí:

Que soy resiliente y creativa.

Que tengo muchas herramientas para encontrar soluciones prácticas y para organizarme.

Que mi actitud y logro depende en gran parte de mi convicción por lo que hago y de la confianza en mí misma.

Que tengo mucha apertura y menos aprensión por el control de lo que me decía.

Que no me doy por vencida.

Que el cuerpo es muy noble y responde increíble cuando lo trato con amor y soy agradecida.

Todos queremos muchas cosas, pero pocos estamos realmente dispuesto a trabajar por ellas.

No, por supuesto que los platillos no saben igual. Sí, sí extrañan todos esos alimentos/bebidas que acompañan nuestras actividades cotidianas, especialmente las sociales. Pero en la vida, todo depende de la perspectiva y de nuestras prioridades y en casos como este, de qué tanto queremos vivir medicados o con síntomas de malestar.

Personalmente creo en el poder del equilibrio y también creo que para lograrlo, es importante conocernos a nosotros mismos. Este proceso es en realidad un salto hacia adentro que me ha permitido obtener más información de mí y de lo que le gusta a mi cuerpo.

Desde entonces, ya no llevo una dieta tan restringida, pero como ya sé lo que me cae mal, puedo escoger mejor mis batallas y estar atenta a las señales (síntomas) me ha sido mucho más sencillo porque he aprendido a conectar, a reemplazar lo que me cae mal y a priorizar mi salud.

Si crees que lo necesitas, dale a tu cuerpo la oportunidad de sanar, te prometo que vale la pena “el sacrificio”. Ármate de valor, toma la decisión y prioriza tu salud y tu equilibrio.

Ilo




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  • ILO

Actualizado: 15 jun 2020


DIETA DE ELIMINACIÓN


¡Hola!


Quiero compartirte este tema que en los últimos meses me apasiona muchísimo porque ha cambiado mi vida radicalmente.


Desde que empecé a implicarme en temas de salud, he tomado consciencia del poder que los alimentos que consumimos tienen en nuestro cuerpo y por lo mismo, he ido modificando mis hábitos progresiva pero radicalmente.


Desde luego noté mejoras, incontables mejoras, pero aún con todo lo que hacía, no lograba sentirme al 100% así que seguí buscando, y hace algunos meses, descubrí que padezco muchos de los síntomas de lo que en inglés se llama “leaky gut” o intestino permeable, razón por la que decidí hacer una dieta de eliminación.


No soy fan de las dietas porque normalmente están diseñadas para bajar de peso y yo creo que no es sustentable vivir la vida limitándose exageradamente (puede hasta salir contraproducente) y porque creo en el poder de llevar una vida equilibrada y de relacionarnos adecuadamente con la comida.


Pero aunque naturalmente bajamos de peso (por el tipo de alimentos que eliminamos), la dieta de eliminación tiene un objetivo muy concreto: SANAR la microbiota intestinal (mundo bacteriano del cual depende nuestra salud intestinal), eliminando inflamación y disbiosis (desequilibrio de este mundo bacteriano).


Según estudios recientes, de la salud intestinal depende la salud del resto de nuestro organismo, y a mí lo que me motivó a hacerla fueron mis problemas de acné, sinusitis, oscilaciones en el peso, distensión abdominal, alteraciones del sueño, síndromes premenstruales exagerados, problemas hormonales.


Muchos de nosotros, padecemos permeabilidad en nuestras paredes intestinales que nos vuelven sensibles a ciertos alimentos y visceversa, pero nos hemos acostumbrado a vivir con malestar y medicamentos, en un círculo vicioso sin fin.


¿Qué es y para qué sirve?


Una dieta de eliminación permite disminuir inflamación, restaurar las paredes intestinales (problemas de permeabilidad), corregir disbiosis (balance de bacterias buenas y malas) y encontrar el alimento que nos causa problema (si es que lo hay) porque es posible que la inflamación y separación de las paredes se deba exclusivamente a una consecuencia de los malos hábitos que llevábamos anteriormente.


La mayor parte de las células inmunes que tenemos en el cuerpo, se encuentran en el intestino. Cuando hay exceso de bacterias malas, falta de bacterias buenas o inflamación en las paredes, se ocasionan problemas con el sistema inmune que se traducen en enfermedades tales como: hipotiroidismo, enfermedad de hashimoto, enfermedad celíaca e intolerancia al gluten, síndrome del intestino irritable, artritis o dolores articulares, ansiedad, depresión, alergias, distensión abdominal, fatiga, lagunas mentales, insomnio, acné, eczemas u otras condiciones de la piel, desbalance hormonal, desnutrición, etc.


Es posible que haya problemas con la absorción de nutrientes aunque estemos llevando una dieta equilibrada y manifestemos síntomas de desnutrición: Pelo seco o maltratado, piel seca o con envejecimiento prematuro, fatiga, antojos, problemas con el metabolismo, colesterol, etc.


Existen diferentes metodologías o protocolos en los cuales basarnos para llevar a cabo con éxito este tipo de dietas.


Esta guía se basa en el Protocolo Autoinmune Paleo (AIP por sus siglas en inglés) que básicamente consiste en eliminar gluten, huevo, lácteos, trigo, levadura, leguminosas, cereales, aceites vegetales, alcohol, chocolate, cafeína, ibuprofeno y aspirinas, y todo tipo de procesados (productos empaquetados) durante 21 días y se apoya en el principio de las 5 R´s:


Retirar (eliminar) alimentos irritantes que son inflamatorios y mucho más difíciles de digerir, para que demos la oportunidad al organismo de sanar y reestructurar las paredes del tracto intestinal.

Reemplazar con fibra y enzimas digestivas para que haya una digestión adecuada.

Repoblar con bacterias buenas (o probióticos) para que se restaure el equilibrio entre bacterias malas y bacterias buenas y poder así, corregir disbiosis.

Reparar las paredes del intestino con alimentos naturales y llenos de vitaminas y minerales, prebióticos (alimento de esas bacterias buenas) y aminoácidos (especialmente la L-glutamina).

Re-balancear para lo que es indispensable tomar en cuenta factores como: el sueño (que sea suficiente y reparador); el manejo del estrés/meditación (respiración-plena consciencia); las relaciones interpersonales sanas y el ejercicio.


Recuerda que todo lo que hagas con tu cuerpo, debes hacerlo de manera responsable por lo que estás obligado a informarte y a consultar cualquier cambio en tu alimentación, con tu médico de cabecera. Todos partimos de situaciones y problemáticas diferentes y lo que funciona a algunos no le funciona o aplica a todos.


Seguimos platicando!




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